miércoles, 19 de diciembre de 2012

LLEGA EL FIN DEL MUNDO




Una profecía maya dice que este próximo día veintiuno se acabará el mundo. Supongo que no será verdad, pero por si acaso publicaré un minirelato sobre un hombre solitario que, obsesionado con el fin del mundo, decide fabricar su propio bunker en el que cree que podrá sobrevivir a la catástrofe que nos espera.
¿Tienes curiosidad sobre lo que le pasará?¿Será lo último que haga o conseguirá finalmente salvarse?

viernes, 7 de diciembre de 2012

A MI TÍA MARILUZ



 Se hace muy duro perder a alguien en estas fechas. Todos los días se apagan luces en los corazones de la gente, pero cuando la luz es tan cercana parece que es el mundo entero el que se queda a oscuras.

La luz de mi tía se extinguía poco a poco mientras las calles y comercios se iban llenando de adornos y luces navideñas, recordándonos que no hay nada más despiadado que el tiempo, ese ente cruel que se niega a pararse para que podamos asimilar nuestra pérdida y prepararnos para seguir adelante. Se hace difícil entender que el mundo siga girando a pesar de todo, y estoy segura que para mi tío y sus hijos esa luz, insustituible como su nombre, quedará fundida para siempre. Sin embargo quiero pensar que ella les iluminará allí donde esté, acordándose de los que la queríamos y de los que tanto la necesitaban.

Pero no quiero recordarla con palabras tristes ni con pena. Ha tenido una familia estupenda y espero que se haya reunido con los que más quería.

Desde aquí le mando ese beso que no le pude dar, y con estas letras quiero despedirla y unirme a su recuerdo.

martes, 4 de diciembre de 2012

LLUVIA -CAPÍTULO XVIII-


 
 
CAPÍTULO XVIII

 
El inspector García se paró delante del portal número noventa de la calle Luna. Según sus datos, en este edificio residía la hermana de Vera, la chica desaparecida. Solo a unos metros, en el número ochenta y tres, vivía la propia Vera y su marido Lucas. Antes de ir a ver a la hermana había dado una vuelta por el parque donde solía ir a correr Vera por las mañanas. A esas horas de la día estaba lleno de parejas paseando, mujeres con carritos de bebé y personas haciendo footing. Quizá por la mañana temprano se convirtiera en un lugar peligroso, sobre todo si alguien se había molestado en espiar a la chica y seguía sus costumbres. Los numerosos bancos del paseo se encontraban ocupados en su mayoría por grupos de jóvenes desocupados y gente mayor. No encontró rincones escondidos, pero cualquiera podría esconderse detrás de un árbol o uno de los setos más altos esperando el momento para abalanzarse sobre una chica distraída por la rutina de todos los días.

Cuando Rafaela le abrió la puerta su primera impresión de la chica fue de abandono. La hermana de Vera era delgada y baja, y estaba vestida con un chándal lleno de lamparones. Su cara mostraba la sorpresa de alguien que no se espera visita a esas horas.

 

-          Pase… - su voz era dulce y delicada – no recuerdo su nombre cuando le abrí la puerta del portal.

-          Inspector García, vengo a hacerle unas preguntas para intentar esclarecer la desaparición de su hermana.

-          Sí… claro. No se si podré ayudarle mucho – un llanto de bebé interrumpió su frase.

-          Si molesto puedo venir en otro momento.

-          No, no, pase usted.

García entró en la casa. El salón estaba desordenado, los sofás tenían los cojines colocados de cualquier manera y la mesa del comedor estaba abarrotada de trastos propios de un bebé.

-          Siento el caos. Mi marido está fuera y siempre estoy sola… bueno, con la niña.

-          No se preocupe – dijo García dirigiéndose al asiento más cercano.

-          ¿Quiere tomar algo?

-          No, por favor, me iré lo antes posible para que pueda seguir con sus tareas. ¿Cuándo vio a su hermana por última vez?

-          Pues… mmm… el día antes de desaparecer. Bueno, no, hablé con ella por teléfono, pero no la vi.

-          Vive cerca ¿verdad?

-          Sí, unos portales más arriba.

-          ¿Y de qué hablaron? Si no es muy personal, claro.

-          La verdad, no lo recuerdo muy bien. Solía ir mucho por su casa, pero desde que tengo a la niña estoy bastante ocupada – Rafaela forzó una sonrisa y giró la cabeza hacia la que se suponía que era la habitación de su hija.

-          ¿La notó preocupada o distinta de lo habitual?

-          No – la respuesta fue demasiado rápida como para que el inspector García la creyera. Guardó silencio unos segundos, que Rafaela aprovechó para bajar la mirada y sacar una imaginaria mota de polvo de su roída camiseta.

-          Bien… así que no se le ocurre ninguna razón por la que su hermana quisiera desaparecer o por la que alguien la raptara.

-          ¡Raptar! No querrá usted decir…

-          ¡No, no! Por favor… desgraciadamente aún no sabemos si ha desaparecido por propia voluntad o no, por eso estamos investigando su entorno más cercano. ¿Todo iba bien en la vida de su hermana?

-          Que yo sepa sí, aunque ya le digo que no estábamos tanto juntas estos últimos tiempos.

-          Sí, la niña ¿no? – preguntó García.

-          Claro.

El inspector pensó que eso no debería ser algo que separase a dos hermanas, sino todo lo contrario. Viviendo tan cerca lo normal es verse más con la excusa de estar con su sobrina. Todo ello en circunstancias normales.

-          Bien. ¿En qué trabaja su marido?

-          Es marino. Pasa varios meses fuera.

-          ¿Sabe que su hermana ha desaparecido?

-          Pues no… ahora mismo está en Australia, llama solo una vez cada quince días, más o menos.

-          Bueno, señora – dijo el inspector levantándose – si se le ocurre alguna cosa que pueda ayudarnos  se lo agradezco. Llame a la comisaría y pregunte por mí.

-          Sí, sí, claro – Rafaela se levantó nerviosa. La niña seguía llorando.

García se dirigió a la puerta y en el último momento se giró hacia ella.

-          Su hermana lleva una semana desaparecida, cuantos más días pasen menores son las posibilidades de encontrar pistas fiables.

Rafaela lo miró con una expresión indescifrable.

-          Piense que cualquier cosa podría ser importante, aunque a usted no se lo parezca.

La duda se dibujó en la cara de la joven madre, pero sus labios permanecieron sellados.

Un tímido “adiós” fue lo último que escuchó el inspector antes de que la puerta se cerrara tras él.

lunes, 26 de noviembre de 2012

LLUVIA -CAPÍTULO XVII-




 
 
                                                                        CAPÍTULO XVII
 
Es verdad eso que dicen que nunca se sabe cómo puede reaccionar uno hasta que se ve en la situación. Después de la ducha y de cambiarme empecé a ordenar mi antro. En una esquina coloqué la manta bajo la que dormía, y al lado una mesita desvencijada en la que puse los libros que mi captor me hizo llegar. Eran tres, una novela negra de serie B, La Isla del Tesoro y Don Quijote de la Mancha. Por esta selección no llegaría a saber nada más de mi captor de lo que ya sabía hasta ahora. Empezaría a leer la novela negra, quien sabe si el tipo ese se guiaría por ella para hacer lo que estaba haciendo conmigo… Lo que iba teniendo claro es que o bien por sentimiento de culpabilidad o bien porque era novato en esto, no tenía pensado hacerme daño. Decidí que eso me daba ventaja sobre él. Pero tampoco debía relajarme. Seguí ordenando. Ahora tenía el dormitorio cerca del viejo sillón, y éste justo debajo del ventanuco, para poder leer mejor y aprovechar las pocas horas de luz. La silla la situé cerca del espejo, para sentarme a reflexionar sin perder la noción de la realidad que me rodeaba. Mirar a través del espejo me haría fijarme en las cosas desde otra perspectiva, y quien sabe, a lo mejor conseguía encontrar alguna salida en la que nunca me habría fijado viendo solo a través de mis propios ojos. De repente algo brilló en mi mente. Fue un pequeño destello, una idea fugaz que me recorrió el cerebro en milésimas de segundo. Poco a poco la idea fue materializándose. Iba tomando forma y convirtiéndose en algo casi palpable a lo que aferrarme. Estaba claro que mi raptor me tenía que ver a través de algo, o bien una cámara de video o bien un agujero en alguna de las paredes del cuarto en el que estaba encerrada. Cualquier cosa que intentase hacer fuera de lo normal sería inmediatamente neutralizada. La certeza se apoderó de mí a medida que caminaba hacia el espejo. Mi figura avanzaba lentamente, como un gato al acecho, mientras se hacía cada vez mayor. Toqué la superficie suave y fría del cristal, centrando mi vista en los objetos que había dejado atrás. Veía perfectamente la manta, el sillón, hasta los libros… Fijé la mirada en mis pupilas mientras mi garganta gritaba sin mover los labios ni emitir sonido alguno: “estás ahí detrás, cabrón”.

lunes, 19 de noviembre de 2012

GLAMOUR FASHION NIGHT

La semana pasada, se celebró una noche de glamour en Vigo. Varias firmas organizaron un "fashion night" abriendo sus puertas hasta las doce de la noche con descuentos, invitaciones a bebidas, gominolas y sesiones de fotos. Es una buena idea para el comercio, tan de capa caída en los últimos tiempos. El mundo de la moda y complementos está en clara recesión, entre la subida del IVA y la caída del potencial económico de las familias. La que más y la que menos reciclamos el guardarropa de años anteriores, eso sí, adaptándolo a las tendencias de este otoño-invierno. Un collarcito de calaveras o unas tachuelas en los botines pueden darle el toque "in" al estilismo del día a día. En cuanto a la noche, aceptemos los "brillos" como gran protagonista, y siempre, unos taconazos, aunque acabemos con ellos en la mano...
¡Acompañadme a la noche más "glamurosa" del año!

 
La modelo y actriz Diane Kruger preside la portada de la revista con la que El Corte Inglés y otras firmas respaldaron la fashion night del pasado 15 de noviembre. La lluvia nos acompañó por nuestro recorrido por tiendas de sobra conocidas que se aunaron para hacer repuntar el sector a pocas semanas de la llegada de la temporada Navideña.



Una speaker vestida con un modelo en tonos dorados que dejaba al aire uno de sus hombros nos dió la bienvenida a la tienda del El Corte Inglés de la calle Urzáiz relatando, micro en mano, la oportunidad de aprovechar una noche llena de glamour para actualizar nuestro armario o por lo menos echar una ojeada a las nuevas tendencias con una copita de cava haciéndonos compañía ;o)


En la zona de Sfera nos ofrecieron la primera copa y unas gominolas, empezando por ahí nuestra visita por el local.


Un joven dj amenizaba la zona Jacks and Jones, de reciente aparíción en la tienda, ya que anteriormente solo estaban firmas como Only o Desigual. Y es que ellos también tienen derecho a tener su firma de moda, aunque me gustaría que algún representante se animara a convencer a las tiendas que comercialicen también la versión femenina!


Repusimos fuerzas con otra copita y un puñadito de moras de azúcar y seguimos...




La ropa estaba muy bien colocada en las distintas zonas y firmas de la tienda, para intentar llamar la atención de los clientes. Tanto las prendas como los complementos llamaban la atención por el colorido y los brillos tan de moda este otoño. El color azul petróleo y el berenjena combinan muy bien en este rincón de Tintoretto.
Agarramos el paraguas y nos fuimos a la siguiente tienda...


Allí nos esperaba un photocall montado en la entrada para aprovechar y sentirnos parte del glamour que nos rodeaba. Estuvimos un ratillo hablando con una dependienta, que nos comentaba apenada la mala organización del evento. En Stradivarius no había ningún tipo de descuento ni detalle para los clientes, con lo que es verdad que el ambiente era menos animado que en El Corte Inglés.


Entramos en Desigual, donde nos recibió una dependienta que nos obsequió con una colorida bolsa con el logo de la firma. Como siempre, no me decepcionó la colección de esta temporada, yo misma iba vestida con un modelo de la colección de verano del Circo del Sol.


En la entrada del local una chica te hacía la manicura gratis, pero no aprovechamos a arreglarnos las uña porque se estaba haciendo tarde y aún nos quedaban locales por visitar. Además de la manicura, la tienda tenía un porcentaje de descuento en prendas seleccionadas.
Tocaba entar en Mango!



Mango montó un stand con bebida de Malibú con piña. Fue muy agradable visitar la tienda con una copita de sabor tropical, para contrastar con la lluvia y el tiempo invernal de la calle. La tienda estaba muy bien iluminada y mi amiga y yo aprovechamos para recorrerla. Ella se compró un par de prendas y yo repetí bebida mientras comentaba con los chicos, que venían de Madrid para el evento, si en la capital el seguimiento de las fashion nights es mayor que aquí. Me contestaron que dependía de la zona y el tipo de tiendas, pero que aún no era un fenómeno muy seguido porque, y en eso llegamos a la misma conclusión, muchos comercios no aplicaban ningún tipo de descuento durante la velada, como fue precisamente el caso de Mango.


Nice Things nos recibió con una mesa alargada preciosa, con un lateral lleno de velas y varios benjamines enfriando en dos cubiteras.

 
 

Me llamaron mucho la atención los complementos, muy coloridos y variados. La colección de ropa otoñal combinaba de maravilla con los bolsos, carteras, collares y todo tipo de adornos para hacer más alegre la entrada al invierno.


El panel de la entrada, repleto de adornos y complementos de la tienda, era muy llamativo y no pude evitar sacarle una foto. La decoración, un poco vintage, coordinaba a la perfección con el resto de la tienda.
Y aquí acabó nuestra ruta. No pudimos entrar en Blanco porque ya estaba cerrado... Parece ser que fue una locura porque estaba todo al 40%, y que este superdescuento previo a la campaña navideña se mantuvo durante el fin de semana. No pude ir, así que creo que de esta vez me he perdido la oportunidad de comprar algún capricho a buen precio. Espero que eventos como este se repitan con el buen gusto de esta vez, aunque eso sí, con mayor empuje publicitario y ofertas!










viernes, 16 de noviembre de 2012

EL ÚLTIMO VIAJE: CAPÍTULO VII -FINAL-


 
La oscuridad invernal se cierne sobre el cementerio. Empieza a silbar un viento fuerte que revuelve el cabello de la mujer enredándoselo en el velo. Ya no llueve, pero la temperatura ha descendido varios grados.

Cuando llega a casa y se mira al espejo ve que las lágrimas han dejado un surco en su maquillaje. Esa noche sus sueños son muy agitados. Un hombre del que no distingue más que una silueta la sigue por una calle solitaria y oscura. El viento no la deja avanzar todo lo rápido que quiere, y la distancia se va acortando poco a poco entre ellos. El paisaje a su alrededor no varía a pesar de que no para de correr. De repente solo ve tumbas abiertas. La tierra alrededor de las lápidas está revuelta, como si todos los difuntos hubieran decidido salir de su eterno lecho a la vez. El hombre se para, y ya no oye pasos tras ella aunque lo ve en la lejanía. Se acerca a las lápidas y nota los pies enterrarse hasta los tobillos en los montones de tierra hedionda y húmeda. Inclina la cabeza sobre los agujeros, pero no puede ver más que el vacío y la oscuridad. No sabe porqué, corre frenética buscando una tumba en concreto. Las letras de los epitafios están borradas, así que tiene que mirar los agujeros uno por uno. Una corriente de viento helado le traspasa los huesos. El hombre sigue acechando a lo lejos, totalmente quieto. Desesperada, llora sobre cada una de las tumbas, y al caer al suelo, cada lágrima se convierte en una rosa de intenso color rojo y brillantes pétalos. No le queda más que un agujero por revisar. Se inclina todo lo que puede, hincando las rodillas en la pútrida tierra que rodea el hoyo y sintiendo ramalazos de un miedo gélido que le hace tiritar. No ve nada, pero está convencida de que esa es la fosa que está buscando. De repente una fuerza la empuja y cae al más horrible de los vacíos.

 

En un bar-hostal perdido en Italia, una mujer intenta seguir los pasos de su hijo adoptivo fallecido hace dos años. Un cartel de “se traspasa” cuelga solitario, balanceándose con la brisa matinal. La mujer pasea por los alrededores, en el lugar que, según los informes policiales, fue el último en el que vieron vivos a su hijo y a los chicos que iban con él. De repente le parece ver movimiento detrás de una de las ventanas del local. A pesar de que está cerrado con llave intenta forzar la puerta para averiguar si hay alguien dentro que le pueda decir donde encontrar al antiguo dueño. Rodea el edificio y ve una ventana medio abierta por la que se cuela decidida. Dentro está muy oscuro y huele a polvo y humedad. Está en la zona de la cafetería. Escucha un ruido. Gira la cabeza y algo le llama la atención en la barra. El cielo se empieza a nublar y el estruendo de una tormenta que se acerca no  logra distraerla de un objeto que emite destellos en el suelo. Le es imposible reparar en la sombra sin cara ni forma que se va acercando sigilosamente por su espalda mientras ella observa fascinada la pequeña y brillante bola de color rojo.

 

FIN

miércoles, 14 de noviembre de 2012

EL ÚLTIMO VIAJE: PARTE VI


 
Dos bolas de cristal brillan en la palma de su mano. Una emite una luz rojiza y la otra una luz blanca. Antón levanta la vista y nota la impaciencia dibujada en la cara de aquel misterioso hombre. “Debes elegir una”, le dice, “pero has de saber que la roja te permitirá volver allí de donde has escapado y salvar a tu amiga, y la blanca seguir un nuevo camino a partir de este momento”. Antón alza rápidamente su mano hacia la bola blanca, pero el hombre le detiene. “Piénsalo bien, no sabes qué os puede pasar a partir de ahora”. Rojo de ira y agotado por las últimas horas vividas, Antón le grita que quien es, si es acaso el demonio que les ha atacado en el pueblo, que va a denunciarle a la policía y varios improperios más. En ese momento escucha a Paola llamarlo por su nombre desde la furgoneta y cuando se gira para seguir insultando al dueño del bar descubre que éste ya no está. Pero sí están las bolas, brillando aún con más intensidad encima del mostrador. Las agarra junto con la bolsa y corre a la furgoneta. No se da cuenta de que una de las bolas cae al suelo. El brillo se apaga y se convierte en una simple bolita de cristal más.

Luca pone la furgoneta en marcha y Antón intenta por todos los medios convencerlo de no ir al pueblo fantasma. Le habla de que ha tenido un sueño premonitorio, pero solo consigue que sus amigos se rían de él. Luca sigue conduciendo mientras bromea imitando al dueño del bar y sus maneras misteriosas, y Paola le sigue el juego. Esto hace que Antón se vaya enfadando cada vez más, sobre todo con la actitud prepotente de Luca. Indignado por la respuesta de sus amigos le pide a Luca que pare la furgoneta y le deje bajar, pero el chico dice que ni hablar, que no sea estúpido y no les amargue el viaje. Paola intenta calmar los ánimos. Antón le agarra el hombro a Luca, obligándole a dar un volantazo. Paola aparta el brazo de Antón y le grita a Luca que disminuya la velocidad, pero éste, sin dejar de insultar a Antón, se gira para golpearle. En un solo segundo el mundo gira vertiginosamente. Tres cuerpos se mueven sin control como si estuvieran en el tambor de una lavadora, mientras la furgoneta da varias vueltas de campana y se aparta de la carretera hacia un terraplén de varios metros de desnivel. Uno de los cuerpos sale despedido por una de las ventanillas mientras el auto choca salvajemente contra un grupo de árboles.

No será hasta un par de días más tarde cuando los encuentren. Dos de ellos están reducidos a cenizas por culpa de la explosión del tanque de gasolina, y al otro lo descubren en unos matorrales, bastante alejado de la furgoneta y de sus otros dos acompañantes. Un forense determina que la muerte fue instantánea para los tres.

 

SEPTIEMBRE

La familia de Antón se agolpa en el nicho donde éste pasará toda la eternidad. La lluvia les cala hasta los huesos porque el tiempo había cambiado de repente y nadie traía paraguas. Los sollozos de la madre de Antón acompañan el golpeteo de las gotas de lluvia sobre la caja de madera. Este era el final de tantos días de angustia y espera hasta poder recuperar el cuerpo de su hijo y enterrarlo en Madrid. Se siente culpable por no haber evitado que se fuera a aquel viaje, o por no obligarlo a ir acompañado, al menos. Las explicaciones de las autoridades italianas le habían dejado fría y temía no llegar nunca a saber porqué todo había acabado de esa manera. Compartía el dolor de las familias de los chicos italianos fallecidos, pero en el fondo les culpaba por no haber cuidado de sus hijos correctamente y que Antón corriera la misma suerte que ellos.  

Cuando todos se alejaban al acabar el entierro, la madre de Antón divisó bajo la lluvia una sombra medio escondida detrás de unas lápidas. Le hizo un gesto a su marido de que fuese yendo al coche y se acercó a ella. No le hizo falta acercarse demasiado para darse cuenta de quién era.

-         Qué haces aquí – le dijo a la sombra.

-         Tengo derecho a decir adiós a mi hijo – le contestó ésta a través de un velo.

-         Solo lo pariste y lo abandonaste, no era tu hijo.

-         Me lo quitaron, no lo abandoné. Y tú le has contado que estaba muerta.

-         Era lo mejor para él, ya lo sabes. De todas formas nunca falté a mi promesa de irte informando periódicamente de cómo estaba.

-         ¿Tienes lo que te pedí?- preguntó la sombra.

-         Sí, era lo único que llevaba encima cuando lo encontraron. Nunca se lo había visto, pero si es importante para ti puedes quedártelo – la sombra agarró ansiosa el objeto que la otra mujer le entregaba.

Cuando la madre de Antón se giró para irse, tuvo unas últimas palabras para aquella mujer que había vivido a la sombra todos aquellos años.

-         Parece que, finalmente, ninguna de las dos hemos sabido cuidar de él – luego se marchó corriendo hacia el coche, donde le esperaba su marido y una nueva y dura vida sin el niño que había criado como si fuera suyo.

 La mujer del velo palpa la bolsita. Casi con miedo de descubrir lo que hay dentro, la abre. Las lágrimas se agolpan en sus ojos, nublándolos de tal manera que casi no percibe la débil luz blanca de una pequeña bola de cristal que brilla en la palma de su mano.

Ahora está segura de que su hijo, al igual que hizo ella en su momento, decidió no volver al pasado para corregir una mala acción y optó por la nueva alternativa en un mundo paralelo.

Cierra los ojos mientras recuerda como si fuera este mismo instante, la noche que abandonó a su pequeño bebé a las puertas de un orfanato. En una cestita de mimbre y envuelto en una manta con el nombre de Antón bordado, su hijo la mira con unos ojos terriblemente grandes y despiertos. Sin pensarlo dos veces se aleja corriendo hacia la oscuridad. Amparada por la noche ve una luz encenderse mientras alguien abre la puerta del orfanato y recoge la cesta. Intenta poner la mente en blanco y no pensar en aquellos bracitos y en aquella boquita pegada a su pecho. No puede evitar intentar ver a su hijo por última vez y se acerca de nuevo al orfanato. A través de una ventana es testigo de una terrible escena. Dos monjas discuten de forma acalorada, señalando constantemente la cesta donde Antón llora congestionado. La conversación sube de tono y ve horrorizada como una de las monjas coge un cojín y lo aprieta sobre el niño ante la mirada espantada de su compañera. El tiempo se detiene. Ha dejado de oírse el llanto del bebé. Las monjas miran a su alrededor y cierran inmediatamente la persiana de la ventana desde la que una madre acaba de contemplar el asesinato de su hijo. Nota la sangre congelarse en sus venas.

 De repente se despierta. Se encuentra en el destartalado garaje donde ella y el grupo de ocupas al que se unió viven desde hace un par de meses. Nota el vaho salir de su boca, y sólo la tibieza de su bebé mamando de su seno la distrae de las bajas temperaturas. No entiende qué ha pasado, ni porqué su bebé ha vuelto a sus brazos en lugar de estar bajo un almohadón, inerte, en la sala de un orfanato. Alguien la observa. Es uno de sus compañeros, que se había unido a su grupo el día anterior. Le entrega algo. Sucumbiendo al magnetismo de su mirada acepta el saquito y saca dos bolas brillantes. Con voz serena pero firme, el joven le explica que si escoge la bola roja tendrá la opción de cambiar el pasado y no abandonar a su hijo, y que si elige la blanca el presente seguirá su incierto rumbo. Ella escogió la bola blanca, pero ahora se da cuenta de que no había sido lo correcto. Intentó engañar al destino, pero el destino se había cobrado su víctima igualmente. Rememora la época más dura de su vida, cuando hizo lo imposible para quedarse con Antón. Fueron días de rechazo y decepción. Solo encontraba puertas cerradas ante ella, incluso las familiares y las  de aquellos que alguna vez había creído sus amigos. Así que cayó en la desesperación y se sumergió de nuevo en las drogas hasta que el departamento de  asuntos sociales intervino quitándole a su hijo y enviándola a ella  a un centro de desintoxicación. Pasaron meses hasta que pudo volver a ser persona, y se dedicó, bien lo sabe Dios, a intentar recuperar al niño. Pero éste estaba en una casa de acogida, con una familia adinerada. Después de un tiempo de lucha por intentar conseguir la custodia finalmente tiró la toalla, resignándose a que quizá aquella familia era la mejor opción para Antón.

Para ella la salvación llegaría un año más tarde, cuando se casó con un enfermero del centro y pudo empezar una nueva vida. Nunca le habló del niño, aunque estuvo a punto de hacerlo cuando le diagnosticaron una atrofia que le impediría tener más hijos. Un día fue a hablar con la madre adoptiva de Antón a intentar convencerla para que la ayudara a recuperarlo, pero era demasiado tarde. Solo consiguió de la mujer una promesa de mandarle cartas periódicamente sobre la evolución del niño. Las lágrimas velaron su mirada, y se prometió que serían las últimas que derramaría por él. Cuando estaba aparcando el coche en el garaje de su casa le pareció ver una sombra detrás de una columna. Al llegar a ella no vio a nadie, pero un pequeño destello llamó su atención desde el suelo. Recogió la pequeña bola roja y la unió a la blanca que todavía conservaba dentro de la bolsita, perdida en el fondo del cajón de su mesilla de noche.